Artículo ‘Campo y ciudad: ¿por qué no se entienden?’, publicado en el periódico El Mundo: https://www.elmundo.es/uestudio/2021/07/06/60e41e1dfc6c8310628b459a.html

Una legión de nietos prepara, en estos momentos, mochilas, juguetes y pinturas para pasar el verano en el pueblo con los abuelos. Correr, reír, jugar y casi impunidad infinita ante las travesuras les esperan. Porque esos abuelos son los mismos que, hace años, vieron a sus hijos marcharse a las ciudades para correr detrás de las oportunidades. ¿Cómo iban a negar un buen futuro a los suyos?

Esta situación no ha cambiado porque el mundo rural se vacía un poco más cada año. Esta tendencia se inició hace décadas y no deja de crecer. El estilo de vida urbano se impone. Sergio del Molino en su ensayo ‘La España vacía’, publicado en 2016, cuestionó el desequilibrio entre lo rural y la ciudad. Pero España se enfrenta a un reto aún mayor que el de la despoblación: el abismo entre quienes toman decisiones y la realidad de las personas.

Si la pérdida de habitantes en los pueblos continúa, el mundo rural se enfrenta a su desaparición. Aunque la pandemia parece haber propiciado el regreso a los pueblos, un reciente informe de la consultora Stratego CyC concluye que uno de cada tres municipios del país ha perdido más del 25% de su población desde que empezó el siglo XXI. La reflexión sobre este dato no puede hacerse sin tener en cuenta que España ha aumentado su población un 15,37% desde el año 2000.

Pero no es el único riesgo. En los últimos años, una corriente política de carácter urbanita e influenciada por el movimiento animalista, promueve el enfrentamiento entre el mundo rural y el urbano. El movimiento animalista lo integran activistas que persiguen cambios en las leyes para garantizar el bienestar animal y, en demasiadas ocasiones, sus miembros chocan con las tradiciones del mundo rural. Para analizar la relación entre ambas perspectivas, el Salón Europa del Senado de España celebró en 2018 un simposio internacional para abordar la cuestión.

Numerosos expertos analizaron la relación entre los hombres y los animales, un tema que es un debate vivo en nuestra sociedad, pero que también atañe a cuestiones de Derecho. Durante el encuentro, el profesor de Filosofía en l’Ecole Normale Supérieure (Francia), Francis Wolff, defendió que «los animales no tienen derechos porque cada especie es diferente. Podríamos decir que el lobo por su propia naturaleza tiene sus derechos, pero el cordero también. Y generalizando, los animales no tienen derechos propios porque no tienen un sentido de moralidad como las personas».

Otra conocedora del campo, la escritora y empresaria del mundo rural, Isabel Bernardo, defendió los conocimientos de quienes habían vivido siempre allí. «Quien vive en el campo, entiende el mundo; dejamos que la vida transcurra: nacer, vivir, morir. Es irracional quien se preocupa más hoy en día por el bienestar del animal más que por el del hombre», argumentó.

«La ideología animalista actual no tiene nada que ver con la ecología, que es lo que se viveen el mundo rural», asegura el presidente de la Fundación Artemisan, José Luis López-Schümmer. A su juicio, se traduce en una toma de decisiones desde las ciudades que «a la hora de la verdad suponen graves amenazas para nuestros pueblos». Es decir, se pierde población por una tendencia demográfica asociada a oportunidades laborales pero también porque «son las propias decisiones que se toman desde las ciudades las que vacían nuestros pueblos».

La Fundación Artemisan es una organización privada sin ánimo de lucro, cuyo objetivo es promover la gestión y conservación de especies de fauna y flora. Todo ello, a través de la investigación, comunicación y defensa jurídica. La entidad presta especial atención al beneficio sostenible de especies cinegéticas para ayudar a los ecosistemas y el mundo rural.

Artemisan recuerda la peculiar situación del lobo. «Se quiere prohibir su control sin escuchar a los ganaderos y a los habitantes de las zonas rurales donde su presencia es una amenaza», recuerda López-Schümmer. Además, se han prohibido muchas actividades productivas tradicionales en los parques nacionales, como la caza y la pesca. «Donde antes vivía gente y se creaba empleo, parece que se quiere hacer una especie de parques temáticos donde no se actúe». Sostiene que «se olvida que ese modelo de conservación se ha logrado gracias a la intervención del hombre y a esas actividades tradicionales que hoy prohíben». También se refiere al Plan España 2050, que propugna «reducir la producción de carne en nuestro país sin que nadie explique de qué van a vivir miles de ganaderos».

Al acercarse las elecciones, todos los partidos inundan sus programas políticos con planes, medidas y menciones al éxodo rural. Artemisan sostiene que, a la hora de la verdad, todo queda en nada. Los votos se agolpan en las ciudades y, al final, benefician a sus residentes. «En algún momento habrá que parar esta deriva en la que se pone al habitante del mundo rural un escalón por debajo de los animales de su entorno; en algún momento los políticos tendrán que empezar a escuchar a los que viven en el campo y tendrán que alejarse de esa corriente animalista que nos condena a abandonar nuestros pueblos», reivindica la Fudnación Artemisan.).

Urge tomar una decisión. ¿Queremos un país con pueblos? ¿Producciones naturales? ¿Un medio ambiente conservado? O, si continuamos así, ¿echar un cerrojazo a los pueblos y convertir el medio natural en un parque temático de fin de semana? Ahí está la decisión: pueblos con futuro o calles vacías cargadas de pasado y recuerdos.