Artículo «10 cosas que la caza hace por ti y que (seguramente) desconocías, publicado en el periódico El Mundo: https://www.elmundo.es/uestudio/2021/05/25/60ace384fc6c83c1148b45e4.html 

Si te decimos actividad cinegética, quizás levantes la ceja por la extrañeza. Te suena, pero no acabas de ubicar el término en tu cabeza. Se refiere al arte de la caza, esa actividad en la que se abate un animal.

¿Arte?, pensarás. Sí, porque hay muchísimos factores previos y posteriores al hecho de tener la presa. Sus aficionados las cultivan y aplican con rigor. Y se considera un arte porque engloba multitud de técnicas transmitidas de generación en generación para ordenar y frenar los impactos negativos que pudieran derivarse de su actividad en el medio ambiente. También incluye normas para garantizar el cuidado de los recursos naturales, la conservación de las especies y contribuye a mantener los ecosistemas autóctonos.

Te detallamos diez aspectos que quizás desconozcas de la caza y que te ayudarán a entender el porqué de su contribución al medioambiente:

  1. Muchos de los parques naturales existen gracias a la caza…

¿Aún recuerdas esa puesta de sol desde las marismas de Doñana? ¿Las vistas de infarto de Monfragüe aquella primavera de hace años? Existe bastante quórum sobre la importancia de estos enclaves en nuestro patrimonio ‘verde’. Pues una gran parte de los Parques Nacionales de este país fueron en su origen cotos de caza. Los dos citados y otros como los Picos de Europa o Cabañeros, ofrecen una gran riqueza de flora y fauna porque sus propietarios y gestores han hecho una correcta gestión cinegética. Numerosos expertos sostienen que si se dejase de cazar, según prevé la ley de Parques Nacionales, la presencia descontrolada de algunas especies de ungulados como el ciervo y el jabalí podrían amenazar la existencia de algunas comarcas.

  1. Motor económico de muchos pueblos de la España rural

Si se pone, con sinceridad, el foco en la España rural y vacía, muchos de sus municipios sobreviven con los ingresos derivados de la actividad cinegética. La caza propulsa por sí misma una cadena de valor que impulsa su desarrollo económico y social. Restauración, artesanía, comercio, hoteles, producción cárnica o taxidermia resisten en muchos lugares gracias a ella.

  1. Es el ‘gran guarda forestal’: cuida el suelo y previene incendios

El sector de la caza ejerce de ‘gran guarda forestal’, ya que invierte ingentes recursos en mantener bien conservados los cotos para poder practicar su afición. Las cifras dan cuenta de ello: el sector invierte cada año 233 millones de euros en acciones de conservación medioambiental y 54 para mantener en buen estado los montes, una suma de 280 millones. ¿Y en qué se gasta este dinero? Se limpian caminos, se mantienen pantanos y se realizan podas. Ayudan a la recuperación y conservación de pastizales, esas llanuras y prados que son refugio de numerosas especies. También se invierte en preservar arboledas y trazan cortafuegos o cortaderos para evitar que se propaguen las llamas en caso de incendio. El informe ‘Evaluación del Impacto Económico y Social de la Caza en España‘, elaborado por Deloitte para la Fundación Artemisan, concluye que los cotos bien conservados contribuyen a la biodiversidad, el bienestar medioambiental, al cuidado del suelo y a la fijación del dióxido de carbono.

  1. Evita accidentes de tráfico y frena el daño en los cultivos

El crecimiento descontrolado de especies como los jabalíes o los ciervos puede repercutir de manera negativa en el entorno. Por ejemplo, la Dirección General de Tráfico (DGT) estima que, de los 9.000 accidentes vinculados a atropellos de fauna en los últimos años, más del 50% son de especies silvestres relacionadas con la actividad cinegética. La proliferación de conejos, jabalíes o ciervos sin límite también daña explotaciones de viñedos o las nuevas plantaciones de cultivos leñosos como los olivos o nogales. Así, aumentan los ataques de jabalíes y zorros a corderos o en las ganaderías. En el último año, se registraron 10.000 siniestros agrícolas. Si se detiene el control poblacional, el aumento de la presencia de algunas especies tiene repercusiones negativas y se rompe el equilibrio del ecosistema. También causan 10.000 siniestros agrícolas al año, según los expertos. Así, las poblaciones de estos animales aumentan de manera exponencial si se detiene su control.

suelta lince proyecto LynxConnect - Artemisan

  1. Linces y águilas se recuperan en cotos de caza

El lince ibérico es el felino más amenazado del planeta. La supervivencia del águila imperial ibérica también peligra y, desde hace años, se trabaja en su recuperación. Entre las causas de este declive, la destrucción de su hábitat natural o la disminución de su presa fundamental, el conejo de monte. Por eso, los cotos de caza y sus poblaciones de conejo o perdiz favorecen la recuperación de estas especies. De hecho, todos los planes de reintroducción del lince ibérico insisten en la necesidad de implicar a las sociedades de cazadores. Estas participan en la elaboración y seguimiento de estos planes con gran interés. Un coto bien gestionado puede albergar más de 100 especies de vertebrados, de las que solo media docena son cinegéticas.

  1. Genera un PIB de 6.475 millones y mantiene 186.758 puestos de trabajo

El informe de Deloitte ‘Evaluación del Impacto Económico y Social de la Caza en España‘ cifra en 6.475 millones de euros el PIB generado por la caza. También sostiene 186.758 puestos de trabajo. La España Vacía se beneficia de este impacto laboral y ayuda a enfrentar la falta de oportunidades y actividad económica de nuestros pueblos, ya que evitan su muerte definitiva. Para hacernos una idea, el gasto movilizado en España por la actividad cinegética es equivalente a las ventas netas del subsector del vino (94%). La caza genera casi el mismo número de empleos que las fábricas de vehículos (alrededor 190.000).

  1. Tradición del medio rural

La caza forma parte del acervo cultural de la sociedad española: la practican unas 800.000 personas y existen 330.000 licencias federativas registradas en el país. Tras el fútbol y el baloncesto, es el deporte con más aficionados. Pero si se añadiesen a los cazadores no federados, es muy probable que su práctica superase a la del básquet. Su raíz es tan profunda, que la cetrería está considerada como un bien inmaterial de interés cultural. Hace poco, la montería y la rehala -las jaurías de perros de caza mayor- se acaban de considerar Bien de Interés Cultural en Andalucía. En Extremadura se han iniciado los trámites.

Carne de caza

  1. Joya gastronómica

¿Nos hemos parado a pensar en las propiedades de la carne procedente de animales criados en libertad y alimentados con pastos? Informes científicos avalan sus beneficios para la salud y numerosos nutricionistas recomiendan cada vez más su consumo. El Área de Tecnología de Alimentos de la Universidad de Castilla-La Mancha concluyó que la carne de ciervo poseía un alto contenido en proteínas (22 gramos por cada 100), poca grasa, proporcionaba una dosis extra de hierro y vitaminas del grupo B. En ese informe, elaborado junto a la Asociación Interprofesional de la Carne de Caza (Asiccaza) y la Fundación Artemisan se concluyó que también aportaba un importante ‘cocktail’ de fósforo, cobre, zinc y potasio. ¿Qué esperar de animales criados en libertad y alimentados con pastos, frutos silvestres? Y, por supuesto, ni rastro de hormonas o fármacos. Naturaleza en estado puro.

  1. Frena el abandono rural y crea «tejido social»

La afición a la caza suele heredarse. El padre enseña al hijo y, poco a poco, se teje una red de recuerdos y vivencias. La actividad cinegética es social y crea lazos de hermandad. Varios estudios demuestran que sus aficionados generan vínculos entre ellos y un sentimiento de pertenencia a un grupo, en este caso el sector cinegético. El compromiso que se genera es la raíz de un tejido social que dinamiza su base de operaciones, núcleos del medio rural. Muchos cazadores mantienen su vínculo con sus pueblos natales con esta práctica, lo que aminora el impacto del éxodo y su abandono.

  1. La caza fue clave en la evolución humana

El hombre pasó miles de años cazando. No había otra manera si quería alimentar a su familia y sobrevivir. Esta dieta, tan rica en proteínas y grasas, contribuyó al desarrollo del cerebro de manera esencial. Y si revisamos algunos capítulos de la evolución de nuestra especie, la necesidad de atrapar animales para comer las definió la caza. El bipedismo o la complejidad de las manos están condicionados por la construcción y el manejo de las armas para abatir animales y lograr comida para subsistir. Somos grandes depredadores desde el punto de vista antropológico y biológico, que durante milenios hemos estado en lo más alto de la cadena trófica.