Es un hecho sin precedente, ya que este tipo de actuaciones solían resolverse con la imposición de una multa a los furtivos

Madrid, 9 de abril.- La Fundación Artemisan, en colaboración con el propietario de una finca privada gaditana, ha conseguido sentar en el banquillo a un grupo de furtivos de perdices autóctonas en la provincia de Cádiz, como presuntos autores de un delito contra la fauna.

Los hechos sucedieron el mes de marzo del año pasado, cuando un grupo organizado entró a una finca privada, siendo sorprendidos por la guardería de la finca que avisó a los guardas de AGASA y a la Guardia Civil, quienes interceptaron el vehículo ocupado por los presuntos furtivos. En su interior se encontró una red de tamaño grande utilizada habitualmente para la captura en vivo de perdices, un foco con una batería y tres ejemplares de perdiz vivos.

Tanto la Fundación Artemisan como el propietario de la finca en la que sucedieron los hechos interpusieron las correspondientes denuncias y se personaron como acusación particular, logrando un hecho sin precedente, ya que, hasta la fecha, este tipo de actuaciones se solían resolver con la imposición de una multa, que en la mayoría de los casos los furtivos no abonaban por resultar insolventes.

Tras la instrucción de las oportunas diligencias por la Guardia Civil, el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Puerto Real ha considerado que los hechos podrían ser constitutivos de un delito contra la fauna, acordando continuar la tramitación del procedimiento.

Cabe señalar que una de las mayores preocupaciones de los propietarios de las fincas en Cádiz es el robo continuado de perdices por parte de grupos organizados. El procedimiento es siempre el mismo: entran en la finca por la noche y, utilizando métodos de caza prohibidos, capturan perdices vivas para su venta, destinada al reclamo o repoblación de otras fincas.

Esta situación provoca graves perjuicios al propietario de la finca, que ve como día a día disminuye el número de perdices. Además, estos hechos se producen, en la mayoría de las ocasiones, en el periodo de reproducción y crianza de las perdices, lo que conlleva la pérdida de nidos y, en consecuencia, la multiplicación de los daños.